Cómo te movés

¿Te preguntaste cómo te movés cuando te movés?

La flexibilidad se construye. Y para lograrlo, llevamos la consciencia a nuestro sistema sensorial. Muchas veces nos sorprendemos al darnos cuenta de que los límites están en la mente y no tanto en el cuerpo. Otras veces tomamos consciencia de los patrones de movimiento habituales que no sólo son los que generan molestias y rigidez, sino que además son poco funcionales.

Si cuando queremos girar la cabeza hacia un lado, movemos “en bloque” todo el tren superior (hombros, caja torácica, pectorales, trapecio) a la larga, las funciones individuales de dichas partes se verán afectadas y modificadas. Y, como consecuencia de esas repercusiones funcionales, también las estructuras progresivamente se irán condicionando: acortamientos, hiper o hipo extensión, hiper o hipo movilidad.

Función y estructura se condicionan una a la otra.

Cuando hay molestia, rigidez o dolor, eso nos está hablando, por lo general, de algún desequilibrio de las fuerzas musculares que hay alrededor del área que presenta el síntoma. Hay músculos que están forzándose por demás debido a dejamos de mover otros.

Así, lo que empieza siendo un desequilibrio estructural por razones biomecánicas, afectará, antes o después, la función; en este ejemplo, la rotación del cuello.

¿Sabías que existen conexiones no tan evidentes que solemos pasar por alto? Ejemplos: costillas con la columna vertebral; hueso plano del pecho (esternón) y clavículas; clavículas con los omóplatos; mandíbula con hombros, por citar unos pocos.

Y el cuello se encuentra en íntima conexión con músculos de la espalda, del pecho y de la mandíbula.

Es importante empezar a tomar consciencia de cómo nos movemos cuando nos movemos si queremos mantener una adecuada, funcional y saludable movilidad.

Para que el movimiento siga siendo una capacidad que nos habilite y no un estorbo que nos limite.

Cada parte anatómica conforma una unidad compleja, que se divide sólo en los libros para poder estudiarse en su enorme y sofisticada especificidad, pero que, en la práctica, conforma una región del cuerpo que tiene características estructurales y funcionales.

Así, por ejemplo, cuando alguien dice “me duele el cuello”, existe un acuerdo tácito por el cual todos entendemos a qué parte del cuerpo se está refiriendo, e inclusive somos capaces de imaginar ese dolor, ya que alguna vez también lo hemos sentido.
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Páginas y páginas podríamos rellenar con nombres de músculos, huesos, ligamentos, vasos, glándulas, órganos contenidos en la región cervical… Y otras tantas páginas nos llevaría detallar las funciones que cumplen la respiración, la fonación, la deglución,que tienen que ver con esta zona del cuerpo.
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Aprendamos a aprender. Aprendamos a movernos de modo funcional, eficiente y consciente y saludable.

#ReconectarMovimientoTerapéutico